El mercado de cambios bajo la lupa. La transición hacia la unificación

Carta del director

Martín Reydó

Fundar salió a la luz en 2021. En ese momento señalamos una tarea vacante en el país: expandir y robustecer la agenda de la política, en particular la del polo progresista, a partir del diálogo con la comunidad de expertos, y con un objetivo de desarrollo sustentable e inclusivo. Dicho de otro modo, creíamos que en la Argentina de la pospandemia faltaba un espacio que se propusiera unir el saber de quienes hacen política (y política pública) con el de los profesionales que investigan los temas estratégicos para el país. Pensábamos que esa conexión, ese diálogo, era escaso e intermitente, cuando no estaba roto del todo. También anunciamos que Fundar llegaba para cumplir un rol clave en esa reconstrucción.

Dijimos desde un comienzo que las coordenadas que nos albergan, un espacio brumoso entre la tradición progresista y la desarrollista, tenía puntos oscuros, demasiados temas que no trataba y prefería ocultar debajo de la alfombra. Por caso, en anuarios anteriores citábamos la relación entre productividad y convenios colectivos, la agenda de capacidades estatales, de reformas laborales inclusivas, del aprovechamiento de recursos naturales en clave productiva, o los regímenes industriales onerosos que no dejaban las capacidades productivas que costaban. Los dos aspectos centrales del diagnóstico original -el diálogo sordo entre técnica y política, y el crónico rezago de abordar los asuntos estratégicos- solo se agravaron en los últimos años.

Sin embargo, lejos del desánimo, desde Fundar buscamos abordar las agendas pendientes, temas postergados por las urgencias de la inmediatez, por la incomodidad. Siempre es más fácil barrer debajo de la alfombra y cultivar, como escuchamos en más de una oportunidad, la tranquilidad del “no se puede”, “no es el momento”, “esperemos a la próxima elección de medio término”. Fundar nació para incomodar al polo de valores del que se siente parte, para encarar lo que demoramos demasiado tiempo.

Fundar pretende ser abanderada de la agenda del desarrollo sustentable e inclusivo. Al margen de la fórmula de ocasión, la nuestra es una agenda que se compone de un conjunto preciso de preocupaciones y propuestas que aún no terminan de encontrar como contraparte una voluntad política que la transforme en acto. Escribimos estos años una dramaturgia a la que le faltan todavía los actores principales. Ese ingrediente sin el cual las intenciones quedan en el documento de trabajo.

Nuestro diagnóstico inicial sigue en pie: el Estado necesita una reconstrucción tanto como el país necesita un plan. Un plan de vuelo sin el instrumental para llevarlo a cabo es un plan estratégico que duerme otra vez el sueño de los justos. Ahora bien, la recomposición de esas capacidades estatales perdidas no se puede hacer desde un vacío programático. Tenemos que reconstruir un Estado, sí, pero con un proyecto de país como norte. Argentina necesita pensar y proyectar su lugar en el mundo. Para eso, la tradición de la que nos sentimos parte tiene que animarse a cuestionar los nudos gordianos, poner en el centro del debate los asuntos prohibidos, actualizar doctrinas y, sobre todo, construir una agenda de transformación ajustada a su época. Transformadora y de futuro. Es un camino que debe abandonar la defensa del statu quo.

En esta nueva coyuntura, en el año que se inicia, los espacios de pensamiento como Fundar entran a navegar aguas desconocidas. La novedad es radical, aunque se sostiene sobre una antinomia familiar a la argumentación que venimos desplegando en estas páginas: la relación entre técnica y política. Estamos frente a una nueva experiencia de pura técnica antipolítica que se presenta como el reverso exacto de la administración saliente. En ese marco, nuestro objetivo de una política que oriente y sea orientada por la técnica, parece aún más complejo de realizar que en 2021. Pero también contamos con la tranquilidad de saber que no estamos solos, que durante estos años hemos tejido un entramado de relaciones locales e internacionales con organizaciones del tercer sector, con universidades, con referentes políticos que tienen todo el futuro por delante. La sociedad argentina, aún en tiempos críticos, es una sociedad poco dispuesta a consentir la derogación de los valores que la aglutinan.

¿Cómo seguimos, desde Fundar, capitalizando lo aprendido bajo este nuevo escenario que se vislumbra? La tarea que se impone, para ser consistentes con lo dicho hasta acá, es construir aquello que Fundar busca representar. La representación política siempre tuvo ese componente performativo. Si en su momento nos inventamos una tradición (la fusión entre desarrollismo y progresismo), queda ahora la peliaguda tarea de hacerla carne, de darle entidad con actores concretos y de disponer de una arena que ayude a renovar elencos. Se avecinan años propicios para el reencuentro, para restablecer diálogos rotos e intermitentes. Comienza un año de balances críticos con la voluntad de regenerar hacia adelante. Esa tarea demanda el encuentro con cuadros técnicos y políticos que comparten la misma pasión por el desarrollo del país, pero que lo expresaron desde trincheras políticas distintas. Aspiramos a que Fundar sea el centro de esa conversación demorada y más necesaria que nunca.

Porque la Argentina sigue siendo la misma. Porque la agenda de problemas que se agravan es igual hoy que ayer.

Porque todavía está todo por hacerse.