La narrativa rota del ascenso social

Un estudio sobre las expectativas de los jóvenes de barrios populares

Un documento escrito por el Instituto Universitario CIAS junto con Fundar.

Ilustración: Micaela Nanni

La narrativa de la movilidad social, por la cual los padres creen que sus hijos alcanzarán, gracias al estudio y el trabajo, niveles socioeconómicos superiores a los propios, ha organizado la vida social y política de la Argentina. Las aspiraciones, aparentemente sin techo, se correspondían con una sociedad que se mostraba capaz de satisfacerlas. En el estudio que aquí presentamos, a este relato lo llamamos “narrativa tradicional”. Es necesario preguntarse si, al menos para un amplio sector, las cadenas de transmisión de esa narrativa se han roto en la sociedad argentina. Con este propósito, el presente estudio analiza las narrativas mediante las cuales los jóvenes de barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) expresan sus aspiraciones futuras a partir de sus experiencias personales.

¿Qué es una narrativa?

Definimos “narrativa” como el relato que los jóvenes construyen para dar sentido a sus experiencias previas y proyectar lo que esperan o consideran posible para su futuro. Estas narrativas son más que una ficción, ya que influyen en sus decisiones concretas y moldean sus posibilidades. En definitiva, se trata de cómo planean integrarse a la sociedad.

¿Cómo se hizo este estudio?

Como el presente trabajo busca formular las diversas trayectorias de vida que expresan los jóvenes de barrios populares del AMBA, adoptamos una metodología mixta. Realizamos una encuesta de 600 casos y 47 entrevistas en profundidad a jóvenes entre 16 y 24 años en barrios populares del AMBA, con el objetivo de captar sus experiencias y las narrativas que elaboran sobre sus vidas. 

Lejos de ser un grupo marginal, el universo de estudio abarca un amplio grupo social; el 34% de los jóvenes del país viven en el AMBA y se estima que el 40% de los jóvenes del Conurbano Bonaerense vive en barrios populares o zonas vulnerables. 

La metodología cualitativa cobra un lugar central en este informe, ya que permite recopilar las experiencias pasadas y comprender cómo forman parte de las narrativas de estos jóvenes. Dadas las dificultades para encuestar y entrevistar en barrios populares, se seleccionaron puntos nodales de cinco barrios populares ubicados en CABA y las zonas sur, oeste y norte del Conurbano Bonaerense.

Hallazgos

La evidencia reunida nos muestra un fuerte debilitamiento de la narrativa tradicional de la movilidad social entre los jóvenes de barrios populares: el 40% de ellos sigue relatando su vida a partir de ella, sin embargo, expresan serias dudas sobre sus posibilidades de realizarla; en el medio, el 20% reduce sus aspiraciones al mínimo; y otro 40% las abandona (”yo ya no tengo futuro”) y vive instalado en el presente. La narrativa de la movilidad social ascendente mediante el esfuerzo en el estudio y en el trabajo sigue vigente, pero sólo para un grupo de jóvenes, e incluso a estos les resulta difícil sostenerla dadas las oportunidades y recursos efectivamente disponibles. 

La erosión o el abandono de la narrativa tradicional encuentra su raíz en dos variables explicativas. Por un lado, la falta de oportunidades. Los jóvenes advierten que, a su alrededor, son pocos quienes han logrado las aspiraciones que tenían. 

Por otro lado, la falta de recursos para sostener la viabilidad de dicha narrativa. Las prácticas familiares, escolares y de sociabilidad, que deberían proporcionar los recursos para forjar sus aspiraciones, terminan limitándolas. Muchas familias están estalladas, muchas escuelas desbordadas, y muchos barrios populares están “ocupados por los transas” y cada vez más desconectados de la vida de la ciudad. Paradójicamente, la experiencia desmiente la narrativa tradicional precisamente en el AMBA, el epicentro histórico de la movilidad social.

Más allá de la erosión o el abandono de la narrativa tradicional, los jóvenes de los barrios populares encuentran otras narrativas para darle sentido a sus experiencias. 

Las nuevas narrativas

Narrativa minimalista

Esta narrativa agrupa las experiencias  de jóvenes que, si bien aspiran a tener un trabajo, no expresan expectativas que vayan más allá de garantizar su subsistencia diaria. Su principal preocupación es generar un ingreso que les permita alimentarse a sí mismos y/o a sus familias. 

Mientras que en la narrativa tradicional la aspiración era comprar una casa, incluso en otro barrio, en este grupo los jóvenes manifiestan simplemente el deseo de terminar sus casillas de chapa en los terrenos de sus padres. Son narrativas en las que se proyecta un futuro, pero siempre con expectativas muy moderadas, es decir, minimalistas. Para los jóvenes que encarnan la narrativa minimalista, un camino de movilidad social ascendente a través del estudio les resulta tan improbable como ganar la lotería.

Narrativa del presente

Bajo esta categoría se agrupan las narrativas en las que los jóvenes no expresan proyectos a futuro, sino que, por el contrario, sus relatos se centran casi exclusivamente en el presente. Si decimos que las narrativas son maneras de proyectar futuro, podríamos afirmar que estas, en rigor, son no-narrativas porque no hay expectativas de futuro o, cuando existen, son extremadamente acotadas o fantasiosas. 

Son jóvenes que han abandonado la idea de construirse un futuro y, en cambio, se abocan a lidiar con su presente, en general vinculado al delito y al consumo de drogas. No obstante, a pesar de sus traumas y heridas, hay una meta a futuro a la que ninguno pareciera renunciar: todos los entrevistados que entran y salen del consumo e incluso el delito expresan su deseo de “rescatarse”, es decir, de abandonar esas conducta.

Los jóvenes de los barrios populares en sus propias palabras

“Si estudié, no soy un vago, ¿por qué estoy limpiando baños en un shopping?” (Gianluca, 22)

“Mi mamá nos decía que teníamos que estudiar para salir del barrio, formarnos, independizarnos, ser como… no ser mejor que nadie, pero ser alguien.” (Lucila, 18)

“Mi mamá quería que yo termine el secundario para poder ser alguien en la vida.” (Bruno, 19)

“Mi error fue pensar que podía ser algo más.” (Tomás, 21) 

“Yo lloraba porque no entendía nada, iba [a la facultad] y no entendía. No me entraba en la cabeza. Sentía que los demás tenían otro aprendizaje y otras palabras que yo no tenía adquiridas. Me di cuenta de que no había aprendido todo lo que tenía que aprender para estar ahí.” (Soledad)

“Deseo intensamente, algún día, tener un trabajo fijo para poder esperar la semana siguiente sin miedo a que se rompa todo.” (Micaela, 22)

“Para pensar un futuro, la condición es tener un lugar y un trabajo y eso todavía está muy lejos.” (Analía, 17)

“Yo ya tuve mi tiempo y no lo supe aprovechar. Futuro mío, ya no tengo. Mi futuro son mis hijos, el mío ya pasó.” (Bruno, 19)

“Acá es así, ´vamos a robar… pum pum… vamos a robar´ y caes preso. ´Vamos a robar y pum pum´, caes muerto. Es así… No tenés otro camino acá.” (Brian, 18)

“Me gustaría volver a ser chico. ¿Para qué crecí?” (Leandro, 19)

“Si mi familia me hubiera apoyado un poquito, si mi padre me dejaba tener alguna oportunidad en vez de pegarme… si me hubiera dejado la oportunidad de estudiar como a mis otros compañeros… yo hubiera terminado el secundario… y hoy habría sido otra persona.” (Matías, 23)

La crisis del ascenso social en la Argentina

Si hubo un país en el que todos creían que podían ascender a través del esfuerzo en el estudio y el trabajo, hoy ese país se recorta sólo a ciertas zonas geográficas y clases sociales. Este trabajo muestra que la mayoría de los jóvenes de los barrios populares del AMBA tiene escasas o nulas expectativas de integrarse y alcanzar reconocimiento social. Se sienten más al margen que con posibilidades de ocupar un lugar en la sociedad a través de su esfuerzo en el estudio y el trabajo. Esto se debe a que la sociedad ya no les brinda las oportunidades de integración de antaño y a que sus experiencias de vida no les permiten sostener una narrativa tradicional de ascenso social. Un Estado ausente no ofrece el mínimo piso necesario para sustentar expectativas de integración y reconocimiento social.

Si el distintivo de la sociedad argentina con respecto al resto de América Latina fue su gran movilidad social, no es del todo sorprendente que hoy se tienda a negar su crisis. Como sociedad, nos cuesta ver a esos sectores que dejamos al margen de la trama urbana porque nos muestran que, al fin de cuentas, no somos tan singulares como creíamos.

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